sábado, enero 21, 2017

Venid,,,

Pero…pero esto qué es. El sudor galopa en las entrañas de un vientre que enflaquece a medida que los años se agotan. Anda como perdida, ensimismada en una cumbre donde el silencio provoca las palabras del viento, del viento. Se estremece a cada silbo de su invisible andar. Evoca con las manos en alto el canto de las aves, de las rocas y pinares que allí habitan. Su cuerpo mojado, el calor ante sus singladuras eternas avanza hasta su sien. Gritar…¡Sí¡ gritar a la sonoridad de las almas coreando un viejo poema ido de sus manos frágiles, lánguidas.
Venid.
Venid.
Agárrame fuerte
En los colgantes precipicios
De nuestro renacer
Como hijas de corredurías,
Como hijas sofocadas del llanto
De la madre tierra.
Termina con un regocijo en la reconditez donde no es abatida por los colmillos sangrantes del circular por la existencia. En su levedad observa el mar de nubes. Quiere zambullirse y ser aletear del fragor  de su liviano paso por estos montes engendrados en la verticalidad éxtasis. Se lanza sobre ellas, se envuelve en una atmósfera desconocida, misteriosa. Ve el camino que le queda, el sacrificio de muchas almas para el enderezar de la esperanza. ¡Viva la esperanza¡ grita. Aquí viene de blanco, de negro, de alejados sufrimientos, de amputadas penas. Siente un cosquilleo en sus carnes, un hormigueo de lloviznas verdes, azules amparando el despertar de sus sentidos.  El sudor se ha ido lejos, muy lejos…vencido de ese jardín viviente donde la paz es enaltecida,  exultante de todo cuchillo.


miércoles, enero 18, 2017

sagrados riscos...

Sagrados riscos
Habitados por las baladas uniformes
En el estrecho vuelo de la inmortalidad.
¡Zas¡, un oleaje en su entereza
Nos arrebata el regreso
A nuestra orilla, a nuestro horizonte.
Ojos negros difuminados
Por el tiritar de una pardela en su llanto.
Ahora me doy cuenta
Ando en los acantilados obtusos
Donde el aullido de un violín
Se asemeja a tormentas disipadas
En vaivén de los años.
No. No soy fiel a la condena
De la existencia en los caminos arduos
Bajo la sombra de la oscuridad.
Me elevo.
Me marcho.
Riscos sagrados
En la ausencia de malgastadas ganas.
Hija preñada de quebradas rocas,
Hija ondulante en el desafuero del aliento
Que viene con la atrofia de dioses desahuciados.



lunes, enero 16, 2017

Vamos...





Vamos, las batallas han acabado. Nos hemos sumergido en un ambiente pacífico donde las gaviotas se alzan en la marea revuelta. Vamos, no tengas miedo. Gratificante es el obrar con las manos unidas, manos agazapadas en la sangre del ayer. Sí, olvidemos. Volvámonos en escribir otra leyenda hundida en las pantanosas orillas de la nada. Clausuremos las miradas muertas, el frío de este invierno. Ven, ya estoy aquí, a la sombra de elefantes lejanos a cementerios anónimos. Ya sé, me dices del delirio de mis sentidos pero creo que ya está bien, demos una oportunidad, un sueño a las desvalidas siluetas en el negror de la helada. Me duelen mis dedos, se me duermen pero aquí sigo en este deleitarme con el avance de notas infinitas en la cúspide de la paz. Vamos mujer, hombre colisionemos nuestras alas en el arco de colores que ascenderemos hasta ese amplio jardín estructurado en la construcción de energías positivas. Un cielo cobrizo reina hoy tras mi ventana, me asomo y te llamo…ven, ven con esa sonrisa emotiva del termino de todo haz maléfico cicatriz de los cimientos de nuestro tiempo pasado. Mira, mira….yeguas parlantes anuncian el verdor de praderas cenizas. Nacen otra vez de la desmemoria, de los candados prietos al ayer. Qué no, qué no…dejemos la venganza es insípida, de mal aliento, de retorcidos idiotas en el rumbo de la vida. Vamos, ya todo ha acabado. Descansemos…


sábado, enero 14, 2017

Estoy cerca...

Estoy cerca.
No hay prisas.
Latidos evocan los astros
En el callar del oleaje.
Una caricia.
Se retuercen las púas
Bajo el fugaz deterioro
De nuestros corazones.
Lejos, muy lejos.
Estoy cerca.
Avanzo contra la luna
A los altas cumbres
Desahuciada de las emociones.
Todo ido,
El afecto agarrado a las sombras
Y el enderezar de mis ojos malgastados
En un ayer.
Estoy cerca.
Silencio de cementerios
Al encuentro del angosto pasillo

De la huída.


jueves, enero 12, 2017

Cinco de la mañana...

Las cinco de la mañana. Carretera solitaria donde la existencia camina rumbo a  la nada. Fuga de lo incierto, del vacío de sus hogares quemados por la hambruna de la muerte blanca. Ojos caídos en el ahorcamiento andan con pasos acabados. Hace frío, mucho frío. Desde aquí miramos la tiranía de esta esfera imperfecta, mediocre y cerramos puertas, ventanas, abotonamos nuestros párpados, nuestra lengua en el mutismo. Vida, no me dejes aquí en el agónico circular de la existencia en vacío. Supongo que el sendero de la paz será recreada para no agotar la vida. Hace frío, mucho frío…la vida, cíclica postrada a nuestra espaldas. Todo tiene que acabar para empezar de nuevo. No hay tregua. Y otra vez aquí estás con tus esputos grotesco tirándonos, tirándonos. Cinco de la mañana, avanzamos hacia ti. Sí, hacía el final del túnel donde la luz es carcomida por una sola mano, la nuestra, la de esos llamados dirigentes de lo aberrante, de la malignidad ¡No¡ Lugares remotos donde el tiempo es huída del ahora. Vida ¡por qué¡ somos resonar de espejos quebrados bajo nuestros pies desnudos. Cinco de la mañana, míranos, hace frío…


miércoles, enero 11, 2017

Veinte años...

Veinte años, años elaborando el crecimiento de mis sentidos. Vine en barco, navegante de cielos oscuros a la luz de los astros distantes. Vine con todos los deseos en mi equipaje, cortejando cada sueño con la más excitante imaginación, vertical, fuerte, yerta sobre rocas cuya ruptura sería imposible. Ahora estoy aquí, ha amanecido y aun ando en busca de aquellos que consideran el bienestar en el hacer del trabajo. En paro, sumiéndome en el derrumbe de mis pilares. Bajo un techo blanco donde transitan gentes de distintos lugares estoy, amarrada, cautelosa, compartiendo mi habitación con el olvido por aquello que anhelaba. Quería, ansiaba una vida corpulenta, esbozada en la infinitud de mis pasos columpiados por el quehacer de mi existencia. Vacío. Miro mis manos, arrugadas con el paso del tiempo, y el sonido frío del mañana me hace frágil, caída en la desorientación. Cierta incertidumbre me abate, me arrastra, me desgarra y no sé si ser llanto o continuar la firme pisada de que quizás, quizás hoy podrá ser. Rebosará en mi espíritu la alegría y el sudor de mis cansadas piernas se verá gratificado. Ya ni escribo a mi familia, me alejo en el humo de este cigarrillo que sostiene mis dedos, de estos zapatos gastados. Ellos sí, con su letra pueril me envían mensajes, preocupantes pues la situación en mi país es caótica. Guerra, armas que hacen infértiles las almas trotantes en el aliento. Hay que huir – como yo- de los campos de hiel sumergidos en la pena. Al menos tengo un techo, me acuesto y en mi edredón me envuelvo en la infelicidad de aquellos que me aman, que me piden esperanza. Todo es aborrecible. Aborrezco el cuchillo rajante de la paz, aborrezco los hilos dañados para el seguir, aborrezco la malignidad de los que quieren vencer. Ahora parece que va a amanecer. Si o no, no o si…para qué, la monotonía en esta isla me hace sentirme cobarde, malgastando mis años lejos de mi familia. Veinte años…

domingo, enero 08, 2017

divagaciones de una mañana de enero...

Pasos ausentes. Hace frío. Acomodada en el arco de colores soy fugaz aventura de los sueños. Mis ojos se abren bajo el homogéneo discurrir de la mañana. Vago desnuda, incesante en el desafío de mis deseos. Aislada, ojerosa soy extenso vuelo a ras de mi reconditez. Me miro, me observo, examino cada fragmento evaporado en surcar de los inviernos. Un vago tremor inicia mis singladuras por los desiertos de mis sentidos. Lo pacífico viene por instantes circulando por mi cuerpo. No hay lágrimas. Me aparto y la nada es agradable. Paseo por un cielo azul, tranquilo. No hay miedo. Solo quiero un letargo infinito seducido, extasiado de la dualidad cabalgante en la existencia.