martes, febrero 20, 2018

veloz


Veloz, con la celeridad de un invierno perdurable al olvido te busco. Mis manos se posan sobre puentes dantescos de mirada al vacío, a tu vacío y la nada me envuelve en vuelos perdidos, en vuelos desconcertantes a través de espejos paralelos que te reflejan. Cuál será el verdadero, el sincero cuyos ojos aticen a los míos con caricias frágiles, muy frágiles ¡Derrumbamiento¡ ¡Despertar¡ Sí, despierto en la media noche distante del sueño y te hallo , tierna, lánguida , consumiendo el aliento de un ayer. Febril voy veloz, a tu alcance y ruedo y ruedo por las habitaciones vacías perennes de tu olor. Ahí está, el aroma de tu sonrisa, vergel distante a mis manos de mirada al vacío.

jueves, febrero 15, 2018

El jaleo( obra en 5 escenas)


El día. Una casa destartalada en un barrio pobre, muy pobre. Allí vive una familia. Se abre la puerta de la casa y……………

El marido
La mujer
El hijo
El vecino
El anciano
La policía
La hija

ESCENA 1º
El marido:
(en el salón)
Buenos días Marta. Marta, ¡buenos días¡(gritando)
La mujer:
(gritando, rabiosa)
 Que tal ¿cómo andas?
El marido:
Bien con la pesadez del trabajo en mis espaldas. Cansado
La mujer:
¿Cómo ha ido hoy el día querido? ¿Te pagaron?
El  marido:
Siempre lo mismo, que pesada…pero que pesada. Nada. No, no he cobrado todavía
La mujer:
Por qué dices que vienes de trabajar. Qué estás tan cansado si yo creo que no has movido ningún dedo. Seguro que has andado de esquina en esquina en busca de una copa ¡En el bar¡ ahí has estado. Encima mientes ¡mentiroso¡
El marido:
No. NO mujer. Te juro que lo he intentado pero nada…la nada rueda sobre mí. Estoy agotado
La mujer:
¡Agotado¡ ¡Agotado¡ nada es verdad. No más que eres un mentiroso. Te habrás…ja, ja, ja con tus amigotes y al bar. Si ¡Al barrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr¡ Venga que me escuche todo el mundo. Mi marido lleva los curriculums al bar. No tienes vergüenza.  Yo , aquí, enjaulado y tu dándotela de galán¡Chulo¡ ¡Más que chulo¡
El marido:
Perdona mujer. No me grites, se va enterar todo el vecindario. Ellos no tienen la culpa.
La mujer:
Tu sí.
La hija:
(en su habitación)
Siempre lo mismo. Los gritos bajo este techo parece que balancean en la estupidez. Ella no trabaja. El no trabaja. Siempre lo mismo, una vida monótona de espantapájaros o mejor diría de espantahijos coreando sus cimientos. No se ven. No se escuchan. La voz interior solo es tempestad que los destruye cada día más ….cada día más y más.
La mujer:
Nada. O me das algo  o te echo ¡Fuera de esta casa¡ Me tienes harta.
El marido:
Toma mujer y cállate ya.
El vecino:
Silencio. No aguanto más. Callar ya. Abrirme la puerta, esto es lo máximo que se puede soportar. Chillidos y más chillidos en este asqueroso edificio.
La mujer:
¿Quién es?
El hijo:
Soy yo mama.
La mujer:
Tú y tu padre. Tu padre y tú ¡Tendrías que estar en el instituto¡ No hables. No hables que todo lo que dices son absurdas mentiras ¡Vete a tu cuarto¡ Ah, dónde habrás andado. Ni quiero saberlo. Me estremezco, tiemblo al son de lo malévolo de nuestras vidas. Y tú , sigues su mismo camino, de amigos por ahí. Cualquiera sabe lo que estarás haciendo ¡Mira¡ ¡Miiiiiiiiiiirame a los ojos¡ No lo soporto. Estos es desmedido, descomunal. Vete de mi vista.
La hija:
(en su habitación)
Lo cierto es que son unos ineptos. Y yo, aquí…aguantando en la cuerda floja de la vida. No saldremos nunca de esta mierda. Aunque mi madre es desquiciante, desesperante a veces tiene razón. Razón histérica que muerde cada movimiento dado bajo este techo ¡Qué será¡ ¡Qué será de sus existencias en el mañana¡ Tiroteados, caídos en el fango de las ideas falsas. Me voy. Salgo de esta habitación miserable y voy al salón. Sí, al salón donde los estridentes voces se vuelcan en incendiarse unos a otros.
La madre:
Y tú qué, serás inepta, indiferente a todo ¿A dónde vas? ¡Aquí mando yo¡ Y digo quien sale y quien entra. Ya…ya, te haces la sorda, la víctima entre estas paredes. No quieres saber nada. Solo sales de tu cuarto cuando terminas algo de escribir. Y qué carajo estás escribiendo. ¡Ay si¡ Mi hija culta, mi hija sabionda ¡Nooooooooooo¡ No vives la realidad. Solo piensas en ti y en ti. Qué si la poesía. Qué si estudiar……¡no¡ Se acabo. Si sales de aquí es para trabajar y baaaaaaaaaaaaasta.
El marido:
(Calmado)
No tienes paciencia. No tienes compasión. Deja la muchacha que hago lo que le venga en gana.
El hijo:
Qué hablas papa. Si solo es una estúpida. Una idiota balanceándose en el yo que sé.
La hija:
Mal ¡muy mal. Estáis todos mal. Mama por qué es compinche con los demonios. Tu por qué apesta alcohol  y tu hermano….mejor dejarlo. No necesito compasión, ni las manos de martillazos de ustedes. Yo…soy yo. No me veis. Están todos ciegos. No sois nada y por ello no obedezco. Necesito airearme. No sé, salir de este desastre innegable y cierto ¡Qué el infierno os aguante¡



Escena 2º
Y la hija sale. Cierra la puerta con un portazo. Escaleras abajo va, en su descenso se encuentra con anciano, un vecino del edificio.
El anciano:
Buenos días hija ¿Cómo van por ahí arriba? Tu madre no deja de dar taponazos con su voz. Un día de estos el bloque se cae ante tanto y tanto griterío. Dime ¿Cómo estás hoy?
La hija:
Aquí, como siempre, saliendo corriendo del estruendo inaguantable de mí casa. Ahí no más existe una atmósfera enrarecida por el aliento fétido de mi familia. No hay cariño. No hay cordialidad , en total, no hay equilibrio.
El anciano:
Eso es así hija. Unos nacen bajo la lumbre de la buenaventura y otros han de sufrir para conseguirla.  Ya sé que es un calvario, algo oscuro que se va tejiendo día a día. Tú no tienes la culpa, créeme y no te ofendas ¿para qué estas clase de bestias quieren hijos? No sé, no sé. El mundo anda mal, pero que muy mal. No solo bajo tu techo. Hay muchos techos descuartizados, sonámbulos en la ira. Y por cierto, ya sé que llevas prisa ¿ Adónde vas?
La hija:
Pues pensándolo bien no lo sé. En busca de un curro. Yo que sé, estoy desconcertada con la vida. Con la nada cotidiana que deja ajada mi casa. Tal vez, a ver si encuentro un trabajo para que sus lenguas se amarren.
El anciano:
Si amarrar es lo correcto. Porque callar, nunca se van a callar. Lo que deberías hacer es pedir ayuda, esto es tiránico e insoportable.
La hija :
Ayuda ¿a quién? Asuntos sociales se hacen los sordos, los huecos. Es como si yo mintiera.
El anciano:
¡La policía ¡ A ver si se acaba todo este tema, mal tema.
La hija:
¡La policía….¡ no había pensado. Pero ahora que me detengo sería terrorífico. Mi familia caería sobre mí  como tempestad en los océanos.
El anciano:
Nunca se sabe…seguro que viene bien un susto. Qué más te da a ti, están podridos.
La hija:
No sé. Tiene que haber otra manera para que en sus rostros circulo alguna sonrisa, que aunque no sea eterna los deje mansos.
El anciano:
Si hija, tienes que llamar a la policía y que se los lleven a todos. Por maltratadores tanto psíquicamente como físicamente, por hacer cenizas los pasos de sus hijos. El daño…el daño. Ese daño retozará en tu existencia hasta la muerte y entre más esfera todo será peor. Algún día la sangre correrá y entonces no podrás hacer nada. Hazme caso. Llama ya a alguien, pide auxilio o lo que te apetezca. Pero que esto finalice ya. Y tiene que ser ya, te lo digo de todo corazón, del afecto que os tengo y sobre todo a ti que eres la única sana.
La hija:
Me quedaré sola. Sola y sola
El anciano:
Y qué más da. No me ves a mí, estoy solo. Hay días que la casa se me viene encima pero luego los escucho a ustedes con los balazos sin escrúpulos y me alegro…me alegro de este silencio cuando me siento en el sofá a ver la tele.
La hija:
Bueno, ya veré. Tiene usted razón. Me voy.
El anciano:
Adiós pequeña. Verás que el mañana será mejor para ti, solo para ti. A ellos, que les den.
La hija:
Adiós. (hablando para sí misma) Sí, tiene razón….mucha razón. Ellos no son parte de mí, estamos tan distantes.  Son ajenos a las emociones que me manejan en el pasar de las jornadas. Están imbuidos en sí mismos.  La droga, el alcohol, los gritos. Los tres están marcados por tumbas caminantes en este espacio que muevo y me rodean…me rodean y siento ahogarme bajo planchas de acero corroído. La situación cada día va a peor…tanto que de un momento a otro se les pueden ir sus manos y ser cuchillo del adiós. Entonces,  yo seré culpable. Culpable de aguantar. Culpable de ignorar. Culpable de huir. Culpable de dejar que se asesinarán unos a otros. Aunque para mi, muertos están.


Escena 3ª
En la cocina. Una cocina pequeña con cortinas a cuadros, con un mantel sobre la mesa donde se han difuminado los colores. La esposa, el marido.
El marido:
Ahora mismo llegará Tobías para cenar.
La mujer:
¡Tobías¡. Siempre Tobías. No te das cuenta…todavía apestas alcohol y nuestro hijo ¡Ay nuestro hijo¡ Enganchado a la heroína. Cada día más y más. Cada día más y más obsoleto, absurdo.  Sabes, me da pena, tan joven….y los diablillos aguijoneando su vida poco a poco.
El marido:
(el marido asiente tranquilo) Nosotros también estamos en un pozo muy hondo, demasiado hondo mujer.
La mujer:
Estás loco. No es lo mismo. No es igual ser pobre qué estar delirando en la droga.
(la puerta suena con toques calmos)
Siempre lo mismo. Ahí está el mensajero de la muerte. Sí, el mensajero de la muerte para tu hijo (grita, suspira) ¿Qué hemos hecho…?
El marido:
Nada. No hemos hecho nada. Serán las amistades. Esas amistades con piel de cordero que lo ha llevado a remar por las tormentas de la inconsciencia.
(Sale el hijo de su habitación. Va directo abrir la puerta)
El hijo:
Chacho me trajiste eso.
El chico:
Si.  Págame(pasa)
El hijo:
Ey no te he dado permiso para que pasas.  Mis padres están que arden
El chico:
¡pero qué dices¡ Tu de que vas. Voy a saludar a tus viejos.
(se dirige a la cocina)
La mujer:
¿Qué quieres ¿
El chico:
Chacho. Chacho que me paguen
La mujer:
La mierda es lo que te doy ¡Sale de aquí ahora mismoooooooooo¡ Renacuajo, infeliz, desgraciado ¡Qué eres un desgraciado¡ y has llevado a mi hijo a la perdición.
El marido:
Deja el chico que no tiene la culpa.
La mujer:
¡Qué dices¡ ¡Qué coño dicessssssssssssssss¡ Todos sois culpable, hasta yo misma (llora en desesperación) ¡Márchate desgraciadooooooooooo¡
El chico:
Estás chiflada. De aquí no me voy hasta que paguen.
El marido:
Dale ya algo, para que este se vaya.
La mujer:
(gritando) ¡Qué si le doy¡ ( se queda pensativa) Toma y lárgate. No vuelvas(saca un cuchillo del cajón dela cochina) Me has entendido ¡ Desapareceeeeeeeeeeeeeeeeee¡ Estoy harta, estoy ….(rompe a llorar de nuevo)
El chico:
Vale, vale….
(pasa el hijo)
El hijo:
Quédate a cenar.
El chico:
Vale, vale (pasota)
La mujer:
(con los ojos agrietados) A cenar, a cenar, a cenarrrrrrrrrr. Pero. Pero es que os estáis burlando de mi. NO. No, esto es demasiado para mí. Tu, Tobías , enciérrate en tu habitación. Tu , vete. Déjame aquí a este asesino.
El chico:
Pero que pasa, qué pasa….
La mujer:
¡Cállateeeeee¡ Tu chico , te va a salir caro. Este es mi límiteeeeeeeeeeeeee. Santísima madre de Dios ruega por esta casa, por mi hijo, por mi marido, menos por este despreciable(mirando desafiante y con odio al chico). Ves esto( señalando el cuchillo en mano). Madre santísima (mirando una estampa religiosa) perdóname pero es que no puedo más ¿Qué hago?( se le cae el cuchillo de la mano mientras el chico estático, asustado la mira)(grita)¡Lárgaaaaaaaate¡ Desaparece bajo la sombra de las tumbas. Sí, de un nicho que te hará biennnn.
El chico:
(Corriendo sale, se va) Estás loca madre de Tobías(y da un portazo)
La mujer:
(gimoteando , se sienta en una silla de la cocina y se lleva las manos a la cabeza)
No. No puede ser. Un cuchillo. Sola. Todo parece estar en silencio. Ay santísima madre de Díos ¿qué hago? No sé. Yo cuando era más joven soñaba y soñaba. Una vida digna. Hijos correctos y me ha tocado esto. Un hijo drogadicto, un marido borrachín y una hija….


Escena 4ª
La escalera. Los pasillos de ese edificio que en un momento a otro parecen derrumbar(llenos de grafitis, de suciedad). La hija sube y el chico baja. Tropiezan
La hija:
¡Eh, tu, que haces aquí otra vez¡ ¡mira por donde vas¡
El chico:
Loca
La hija:
¿Loca?(asombrada y enojada) ¿No vendrás de mi casa verdad?
El chico:
Loca
La hija:
¡Siempre lo mismo¡ Deja en paz a mi hermano y a mi familia también. Estorbas o ¿es qué no lo sabes? Andas por ahí como un mandado engatusando almas débiles. Esfumate ¡muérete¡ Todo esto es una basura, una basura incontenible. Si te quieres matar, mátate pero deja tranquilo a mi hermano
El chico:
Loca
La hija:
¡Cállate renacuajo¡
El chico:
Loca
La hija:
No sabes lo que haces matador.  Ojalá te trinque la poli y no salgas entre rejas.
El chico:
(Alzando la mano pero sin llegar a pegarle)
¡loca¡
La hija:
Anda, tócame a mí y verás ¿A qué no te atreves? No tienes fuerzas ¿Es que no te vez? Estás enfermo, moribundo. Anda, vete a pincharte.
El chico :
A que te doy
(escaleras arriba se oye una voz, están escuchando los gritos , escalera abajo va el hijo)
El hijo:
¿Qué haces? Estás tonto, deja a mi hermana.
El chico:
(burlón) Deja a mi hermana, deja a mi hermana…loca
El vecino:
¡basta ya¡(grita de donde no se sabe)
El chico:
Adiós pibe. Adiós, ya nos veremos(sale corriendo, tropezando)
La hija:
Hermano compréndeme, no puede ser esta vida. Te está ahogando lentamente y cuando quieras danzar en la existencia ya no podrás.
El chico:
(subiendo) Bah, déjame.



Escena 5º
La casa y los siguientes sucesos
La mujer:
Anda Tobías abre que están tocando, será otros de tus amiguetes. A ver, a ver quién es ahora. Deja voy yo .
El chico:
¿pero a dónde vas con ese cuchillo?
La mujer:
(dirigiéndose a la puerta)
A donde me de la gana. (para dentro, mirando el techo) A virgen mía perdóname, perdónalos…(Abre la puerta, un color pálido se le sube al rostro, sus ojos desorbitados)
Policia 1:
Dónde está su hijo señora. (silencio mortal)(ella suelta el cuchillo) Se encuentra bien señora. Nos han venido queja de los vecinos que aquí hay un cierto jaleo, un jaleo molesto, demasiado… y aparte que se consumen drogas. Ande señora, responda, ¿dónde está su hijo?
Policia2:
Con su permiso paso(olisquea la casa)
La mujer:
(amable) Buenos días caballeros pero mi hijo no ha hecho nada. Qué va a ser el pobre , es mudo, es sordo, es como si no existiera.
Policia1:
Ya, comprendo. Déjese de pavadas y dígame donde está su hijo. Según hemos investigado y nos han comentado consume sustancias ilícitas. Déjese de rodeos ¿Cuál es su habitación?
La mujer:
(se agacha y recoge el cuchillo) O, perdón es que se me ha caído estaba preparando la comida. (cambia a su histeria). O se marchan o dejo títeres sin cabeza.
Policía 1:
Está usted bien señora. Deje ese arma y deje de hacer tonterías.
Policía 2:
No puedo abrir ninguna puerta.
La mujer:
(asintiendo) Deje de hacer tonterías. ( suplicante, desesperada, ida) Míreme, creo que hago tonterías. Ay madre santa, socórreme. Míreme, que quien cree que soy yo. Ay santísima de las santísimas, perdóname. Míreme, soy el  pilar de esta casa tambaleante y de aquí nadie sale, menos mi hijo. A pero usted quiere llevárselo, ¿no es cierto? Pues míreme, primero mi cadáver , segundo su cadáver y tercero el cadáver de su compañero. Ay madre santa, qué hago. Todo perdido, mis sueños, mis deseos. Estoy aquí con cuchillo en mano a punto…a punto(en ese instante el policía 2 por detrás la agarra y le arrebata el cuchillo, ella cae de rodillas)(sollozos y gritos) ¡No¡ ¡Nooooooooooooooo¡
El policía 1:
Usted y toda su familia viene con nosotros. Esta casa no es normal. Usted necesita ayuda y además nos ha amenazado(le ponen las esposas)(sale el marido, la hija, el hijo)
El vecino:
(grita de no se sabe dónde)
Llévenselos a todos. Menos a la hija que es corrientita, normalita.
Policía 2:
¿Quién habla ahora? Esto es un atropello a la autoridad. Todos a comisaría ¡Basta ya¡
(viene el anciano)
El anciano:
Buenas noches señores. Se los puede llevar a todos. Soy sincero. La hija no ha hecho nada, es tranquila. Por favor, hacerlo por mí, la conozco bien.
Policía 1:
(enfadado)Ya está bien.  Nos lo llevamos a todos incluyéndolo a usted y después veremos. Esto será breve ¿Está de acuerdo? (la hija y el anciano asienten)














Abrí los ojos..


Abrí los ojos, pensativa me acurruque sobre mi hombro. Un hombro donde la pesadez de los pasos se guarece la reconditez del despertar.  Abrí los ojos y salude la nueva jornada. Gris, pesada, angosta, carcomida de farolas que no dejan de respirar. Desde mi ventana y de reojo observaba el callar de las arboledas, de las aceras. Abrí los ojos, una atmósfera agradecida se precipita en el buenos  días. Ahora habito en una sonrisa de raíces palpando mi ausencia ante un invierno que se desinfla.  Abrí los ojos cautivada por el rumor de un pajarillo que se irá, no lejos, pero dejara de cantar a medida que las horas se disuelvan. Abrí los ojos, entusiasmada, emocionada del revolcar de la nueva aventura circulante en cada abrazo, en cada palabra alada de pacifismo, en cada pedazo de libertad sumisa al espíritu de la brisa.

domingo, febrero 11, 2018

Despacito....


Despacito, con la lentitud de los años sube las escaleras. Sus sábanas blancas tendidas a un sol meditativo si quedarse o no. El viento.  A ras de su rostro pálido, a ras de su cuerpo menudo, a ras de su delantal de años, a ras de unas manos temblorosas por lo gélido de su desafío. El viento. Solo él y un sol dubitativo , incluido en su día a día. Mira la bóveda celeste, grandiosa, perfecta, bella, y se mece con una canción que le viene a la memoria. El viento, es pesado, es tétrico. Traerá las nubes y el sol se marchará por unos instantes. Lloverá o no lloverá. Huele, olfatea y sabe que lloverá. Sus sábanas blancas…mudas, mojadas no las podrá recoger hoy y quizás ni mañana. Le da igual. El viento. Ella sigue en con toda pulcritud tendiendo. No está cansada. Le gusta esa sensación. El viento. Las nubes. La lluvia. Goterones caen a ras de su rostro pálido, a ras de su cuerpo menudo, a ras de su delantal de años, a ras de unas manos temblorosas. No se resigna. Sentir el ritmo natural de la vida, una vida que se va apagando en el curso del tiempo. Mira la bóveda grisienta, plomiza y por un momento se detiene. Ya está empapada bajo la insomne lluvia. El viento, no quiere irse. Se llevará las nubes, traerá el sol y ella seguirá tendiendo sus sábanas. Así es. Lo agradece. Cierra la puerta y baja cuidadosamente la escalera. Ya bajo su techo mira por la ventana ¿hay alguien por ahí? No lo sabe, solo, el viento. El viento. El sol. Uno haciendo retumbar los cimientos de su casa, el otro dando calor a su silencio. Despacito, con la lentitud de los años su estado de ánimo es neutro. Ni tú, ni yo. Hermética mira por la ventana ¿ cómo estarán sus sábanas? Veleros al encuentro de algún puerto donde la calma emita un largo letargo. El viento….

Y pondré....


Y pondré mi mantel de flores, creo que son margaritas danzando sobre un fondo blanco, muy blanco. Y me sentaré en esta cocina fría, muy fría a la espera que la cafetera me lleve por su aroma, por ese intenso olor a calidez. Y te pensaré, por qué no. Sí, te pensaré mientras sorbo a sorbo bebo el café de esta noche hermética, gélida. Y me vestiré acogida por una luna azul que me llevara paso a paso lejos, muy lejos. Y seré lenta, no hay prisa. Y quitaré el mantel de flores, creo que son margaritas y dejaré la mesa impecable. Y me marcharé con el sabor del invierno en cada memoria retozando la sencillez. Y te pensaré, no sé cómo. Y vagaré en las difusas aceras donde las farolas recogen algo luz. Y retornaré bajo mi techo. Y pondré de nuevo mi mantel de flores, si no recuerdo mal son margaritas sobre fondo blanco. Y hablaré con el silencio de la madrugada. Y quizás te nombre. Y quizás te acaricie. Y quizás te bese. Y a lo mejor no te das cuenta, pero puede que sí. Y tal vez haga más café, seguro que un cigarrillo aguantara mis labios mientras te pienso. Y puede que no duerma, que me quede observando la luna azul.

El jaleo(teatro)


El día. Una casa destartalada en un barrio pobre, muy pobre. Allí vive una familia. Se abre la puerta de la casa y……………

El marido
La mujer
El hijo
El vecino
El anciano
La policía
La hija

ESCENA 1º
El marido:
(en el salón)
Buenos días Marta. Marta, ¡buenos días¡(gritando)
La mujer:
(gritando, rabiosa)
 Que tal ¿cómo andas?
El marido:
Bien con la pesadez del trabajo en mis espaldas. Cansado
La mujer:
¿Cómo ha ido hoy el día querido? ¿Te pagaron?
El  marido:
Siempre lo mismo, que pesada…pero que pesada. Nada. No, no he cobrado todavía
La mujer:
Por qué dices que vienes de trabajar. Qué estás tan cansado si yo creo que no has movido ningún dedo. Seguro que has andado de esquina en esquina en busca de una copa ¡En el bar¡ ahí has estado. Encima mientes ¡mentiroso¡
El marido:
No. NO mujer. Te juro que lo he intentado pero nada…la nada rueda sobre mí. Estoy agotado
La mujer:
¡Agotado¡ ¡Agotado¡ nada es verdad. No más que eres un mentiroso. Te habrás…ja, ja, ja con tus amigotes y al bar. Si ¡Al barrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr¡ Venga que me escuche todo el mundo. Mi marido lleva los curriculums al bar. No tienes vergüenza.  Yo , aquí, enjaulado y tu dándotela de galán¡Chulo¡ ¡Más que chulo¡
El marido:
Perdona mujer. No me grites, se va enterar todo el vecindario. Ellos no tienen la culpa.
La mujer:
Tu sí.
La hija:
(en su habitación)
Siempre lo mismo. Los gritos bajo este techo parece que balancean en la estupidez. Ella no trabaja. El no trabaja. Siempre lo mismo, una vida monótona de espantapájaros o mejor diría de espantahijos coreando sus cimientos. No se ven. No se escuchan. La voz interior solo es tempestad que los destruye cada día más ….cada día más y más.
La mujer:
Nada. O me das algo  o te echo ¡Fuera de esta casa¡ Me tienes harta.
El marido:
Toma mujer y cállate ya.
El vecino:
Silencio. No aguanto más. Callar ya. Abrirme la puerta, esto es lo máximo que se puede soportar. Chillidos y más chillidos en este asqueroso edificio.
La mujer:
¿Quién es?
El hijo:
Soy yo mama.
La mujer:
Tú y tu padre. Tu padre y tú ¡Tendrías que estar en el instituto¡ No hables. No hables que todo lo que dices son absurdas mentiras ¡Vete a tu cuarto¡ Ah, dónde habrás andado. Ni quiero saberlo. Me estremezco, tiemblo al son de lo malévolo de nuestras vidas. Y tú , sigues su mismo camino, de amigos por ahí. Cualquiera sabe lo que estarás haciendo ¡Mira¡ ¡Miiiiiiiiiiirame a los ojos¡ No lo soporto. Estos es desmedido, descomunal. Vete de mi vista.
La hija:
(en su habitación)
Lo cierto es que son unos ineptos. Y yo, aquí…aguantando en la cuerda floja de la vida. No saldremos nunca de esta mierda. Aunque mi madre es desquiciante, desesperante a veces tiene razón. Razón histérica que muerde cada movimiento dado bajo este techo ¡Qué será¡ ¡Qué será de sus existencias en el mañana¡ Tiroteados, caídos en el fango de las ideas falsas. Me voy. Salgo de esta habitación miserable y voy al salón. Sí, al salón donde los estridentes voces se vuelcan en incendiarse unos a otros.
La madre:
Y tú qué, serás inepta, indiferente a todo ¿A dónde vas? ¡Aquí mando yo¡ Y digo quien sale y quien entra. Ya…ya, te haces la sorda, la víctima entre estas paredes. No quieres saber nada. Solo sales de tu cuarto cuando terminas algo de escribir. Y qué carajo estás escribiendo. ¡Ay si¡ Mi hija culta, mi hija sabionda ¡Nooooooooooo¡ No vives la realidad. Solo piensas en ti y en ti. Qué si la poesía. Qué si estudiar……¡no¡ Se acabo. Si sales de aquí es para trabajar y baaaaaaaaaaaaasta.
El marido:
(Calmado)
No tienes paciencia. No tienes compasión. Deja la muchacha que hago lo que le venga en gana.
El hijo:
Qué hablas papa. Si solo es una estúpida. Una idiota balanceándose en el yo que sé.
La hija:
Mal ¡muy mal. Estáis todos mal. Mama por qué es compinche con los demonios. Tu por qué apesta alcohol  y tu hermano….mejor dejarlo. No necesito compasión, ni las manos de martillazos de ustedes. Yo…soy yo. No me veis. Están todos ciegos. No sois nada y por ello no obedezco. Necesito airearme. No sé, salir de este desastre innegable y cierto ¡Qué el infierno os aguante¡



Escena 2º
Y la hija sale. Cierra la puerta con un portazo. Escaleras abajo va, en su descenso se encuentra con anciano, un vecino del edificio.
El anciano:
Buenos días hija ¿Cómo van por ahí arriba? Tu madre no deja de dar taponazos con su voz. Un día de estos el bloque se cae ante tanto y tanto griterío. Dime ¿Cómo estás hoy?
La hija:
Aquí, como siempre, saliendo corriendo del estruendo inaguantable de mí casa. Ahí no más existe una atmósfera enrarecida por el aliento fétido de mi familia. No hay cariño. No hay cordialidad , en total, no hay equilibrio.
El anciano:
Eso es así hija. Unos nacen bajo la lumbre de la buenaventura y otros han de sufrir para conseguirla.  Ya sé que es un calvario, algo oscuro que se va tejiendo día a día. Tú no tienes la culpa, créeme y no te ofendas ¿para qué estas clase de bestias quieren hijos? No sé, no sé. El mundo anda mal, pero que muy mal. No solo bajo tu techo. Hay muchos techos descuartizados, sonámbulos en la ira. Y por cierto, ya sé que llevas prisa ¿ Adónde vas?
La hija:
Pues pensándolo bien no lo sé. En busca de un curro. Yo que sé, estoy desconcertada con la vida. Con la nada cotidiana que deja ajada mi casa. Tal vez, a ver si encuentro un trabajo para que sus lenguas se amarren.
El anciano:
Si amarrar es lo correcto. Porque callar, nunca se van a callar. Lo que deberías hacer es pedir ayuda, esto es tiránico e insoportable.
La hija :
Ayuda ¿a quién? Asuntos sociales se hacen los sordos, los huecos. Es como si yo mintiera.
El anciano:
¡La policía ¡ A ver si se acaba todo este tema, mal tema.
La hija:
¡La policía….¡ no había pensado. Pero ahora que me detengo sería terrorífico. Mi familia caería sobre mí  como tempestad en los océanos.
El anciano:
Nunca se sabe…seguro que viene bien un susto. Qué más te da a ti, están podridos.
La hija:
No sé. Tiene que haber otra manera para que en sus rostros circulo alguna sonrisa, que aunque no sea eterna los deje mansos.
El anciano:
Si hija, tienes que llamar a la policía y que se los lleven a todos. Por maltratadores tanto psíquicamente como físicamente, por hacer cenizas los pasos de sus hijos. El daño…el daño. Ese daño retozará en tu existencia hasta la muerte y entre más esfera todo será peor. Algún día la sangre correrá y entonces no podrás hacer nada. Hazme caso. Llama ya a alguien, pide auxilio o lo que te apetezca. Pero que esto finalice ya. Y tiene que ser ya, te lo digo de todo corazón, del afecto que os tengo y sobre todo a ti que eres la única sana.
La hija:
Me quedaré sola. Sola y sola
El anciano:
Y qué más da. No me ves a mí, estoy solo. Hay días que la casa se me viene encima pero luego los escucho a ustedes con los balazos sin escrúpulos y me alegro…me alegro de este silencio cuando me siento en el sofá a ver la tele.
La hija:
Bueno, ya veré. Tiene usted razón. Me voy.
El anciano:
Adiós pequeña. Verás que el mañana será mejor para ti, solo para ti. A ellos, que les den.
La hija:
Adiós. (hablando para sí misma) Sí, tiene razón….mucha razón. Ellos no son parte de mí, estamos tan distantes.  Son ajenos a las emociones que me manejan en el pasar de las jornadas. Están imbuidos en sí mismos.  La droga, el alcohol, los gritos. Los tres están marcados por tumbas caminantes en este espacio que muevo y me rodean…me rodean y siento ahogarme bajo planchas de acero corroído. La situación cada día va a peor…tanto que de un momento a otro se les pueden ir sus manos y ser cuchillo del adiós. Entonces,  yo seré culpable. Culpable de aguantar. Culpable de ignorar. Culpable de huir. Culpable de dejar que se asesinarán unos a otros. Aunque para mi, muertos están.


Escena 3ª
En la cocina. Una cocina pequeña con cortinas a cuadros, con un mantel sobre la mesa donde se han difuminado los colores. La esposa, el marido.
El marido:
Ahora mismo llegará Tobías para cenar.
La mujer:
¡Tobías¡. Siempre Tobías. No te das cuenta…todavía apestas alcohol y nuestro hijo ¡Ay nuestro hijo¡ Enganchado a la heroína. Cada día más y más. Cada día más y más obsoleto, absurdo.  Sabes, me da pena, tan joven….y los diablillos aguijoneando su vida poco a poco.
El marido:
(el marido asiente tranquilo) Nosotros también estamos en un pozo muy hondo, demasiado hondo mujer.
La mujer:
Estás loco. No es lo mismo. No es igual ser pobre qué estar delirando en la droga.
(la puerta suena con toques calmos)
Siempre lo mismo. Ahí está el mensajero de la muerte. Sí, el mensajero de la muerte para tu hijo (grita, suspira) ¿Qué hemos hecho…?
El marido:
Nada. No hemos hecho nada. Serán las amistades. Esas amistades con piel de cordero que lo ha llevado a remar por las tormentas de la inconsciencia.
(Sale el hijo de su habitación. Va directo abrir la puerta)
El hijo:
Chacho me trajiste eso.
El chico:
Si.  Págame(pasa)
El hijo:
Ey no te he dado permiso para que pasas.  Mis padres están que arden
El chico:
¡pero qué dices¡ Tu de que vas. Voy a saludar a tus viejos.
(se dirige a la cocina)
La mujer:
¿Qué quieres ¿
El chico:
Chacho. Chacho que me paguen
La mujer:
La mierda es lo que te doy ¡Sale de aquí ahora mismoooooooooo¡ Renacuajo, infeliz, desgraciado ¡Qué eres un desgraciado¡ y has llevado a mi hijo a la perdición.
El marido:
Deja el chico que no tiene la culpa.
La mujer:
¡Qué dices¡ ¡Qué coño dicessssssssssssssss¡ Todos sois culpable, hasta yo misma (llora en desesperación) ¡Márchate desgraciadooooooooooo¡
El chico:
Estás chiflada. De aquí no me voy hasta que paguen.
El marido:
Dale ya algo, para que este se vaya.
La mujer:
(gritando) ¡Qué si le doy¡ ( se queda pensativa) Toma y lárgate. No vuelvas(saca un cuchillo del cajón dela cochina) Me has entendido ¡ Desapareceeeeeeeeeeeeeeeeee¡ Estoy harta, estoy ….(rompe a llorar de nuevo)
El chico:
Vale, vale….
(pasa el hijo)
El hijo:
Quédate a cenar.
El chico:
Vale, vale (pasota)
La mujer:
(con los ojos agrietados) A cenar, a cenar, a cenarrrrrrrrrr. Pero. Pero es que os estáis burlando de mi. NO. No, esto es demasiado para mí. Tu, Tobías , enciérrate en tu habitación. Tu , vete. Déjame aquí a este asesino.
El chico:
Pero que pasa, qué pasa….
La mujer:
¡Cállateeeeee¡ Tu chico , te va a salir caro. Este es mi límiteeeeeeeeeeeeee. Santísima madre de Dios ruega por esta casa, por mi hijo, por mi marido, menos por este despreciable(mirando desafiante y con odio al chico). Ves esto( señalando el cuchillo en mano). Madre santísima (mirando una estampa religiosa) perdóname pero es que no puedo más ¿Qué hago?( se le cae el cuchillo de la mano mientras el chico estático, asustado la mira)(grita)¡Lárgaaaaaaaate¡ Desaparece bajo la sombra de las tumbas. Sí, de un nicho que te hará biennnn.
El chico:
(Corriendo sale, se va) Estás loca madre de Tobías(y da un portazo)
La mujer:
(gimoteando , se sienta en una silla de la cocina y se lleva las manos a la cabeza)
No. No puede ser. Un cuchillo. Sola. Todo parece estar en silencio. Ay santísima madre de Díos ¿qué hago? No sé. Yo cuando era más joven soñaba y soñaba. Una vida digna. Hijos correctos y me ha tocado esto. Un hijo drogadicto, un marido borrachín y una hija….continurá






martes, febrero 06, 2018

El jaleo ( escena 2)


Escena 2º
Y la hija sale. Cierra la puerta con un portazo. Escaleras abajo va, en su descenso se encuentra con anciano, un vecino del edificio.
El anciano:
Buenos días hija ¿Cómo van por ahí arriba? Tu madre no deja de dar taponazos con su voz. Un día de estos el bloque se cae ante tanto y tanto griterío. Dime ¿Cómo estás hoy?
La hija:
Aquí, como siempre, saliendo corriendo del estruendo inaguantable de mí casa. Ahí no más existe una atmósfera enrarecida por el aliento fétido de mi familia. No hay cariño. No hay cordialidad , en total, no hay equilibrio.
El anciano:
Eso es así hija. Unos nacen bajo la lumbre de la buenaventura y otros han de sufrir para conseguirla.  Ya sé que es un calvario, algo oscuro que se va tejiendo día a día. Tú no tienes la culpa, créeme y no te ofendas ¿para qué estas clase de bestias quieren hijos? No sé, no sé. El mundo anda mal, pero que muy mal. No solo bajo tu techo. Hay muchos techos descuartizados, sonámbulos en la ira. Y por cierto, ya sé que llevas prisa ¿ Adónde vas?
La hija:
Pues pensándolo bien no lo sé. En busca de un curro. Yo que sé, estoy desconcertada con la vida. Con la nada cotidiana que deja ajada mi casa. Tal vez, a ver si encuentro un trabajo para que sus lenguas se amarren.
El anciano:
Si amarrar es lo correcto. Porque callar, nunca se van a callar. Lo que deberías hacer es pedir ayuda, esto es tiránico e insoportable.
La hija :
Ayuda ¿a quién? Asuntos sociales se hacen los sordos, los huecos. Es como si yo mintiera.
El anciano:
¡La policía ¡ A ver si se acaba todo este tema, mal tema.
La hija:
¡La policía….¡ no había pensado. Pero ahora que me detengo sería terrorífico. Mi familia caería sobre mí  como tempestad en los océanos.
El anciano:
Nunca se sabe…seguro que viene bien un susto. Qué más te da a ti, están podridos.
La hija:
No sé. Tiene que haber otra manera para que en sus rostros circulo alguna sonrisa, que aunque no sea eterna los deje mansos.
El anciano:
Si hija, tienes que llamar a la policía y que se los lleven a todos. Por maltratadores tanto psíquicamente como físicamente, por hacer cenizas los pasos de sus hijos. El daño…el daño. Ese daño retozará en tu existencia hasta la muerte y entre más esfera todo será peor. Algún día la sangre correrá y entonces no podrás hacer nada. Hazme caso. Llama ya a alguien, pide auxilio o lo que te apetezca. Pero que esto finalice ya. Y tiene que ser ya, te lo digo de todo corazón, del afecto que os tengo y sobre todo a ti que eres la única sana.
La hija:
Me quedaré sola. Sola y sola
El anciano:
Y qué más da. No me ves a mí, estoy solo. Hay días que la casa se me viene encima pero luego los escucho a ustedes con los balazos sin escrúpulos y me alegro…me alegro de este silencio cuando me siento en el sofá a ver la tele.
La hija:
Bueno, ya veré. Tiene usted razón. Me voy.
El anciano:
Adiós pequeña. Verás que el mañana será mejor para ti, solo para ti. A ellos, que les den.
La hija:
Adiós. (hablando para sí misma) Sí, tiene razón….mucha razón. Ellos no son parte de mí, estamos tan distantes.  Son ajenos a las emociones que me manejan en el pasar de las jornadas. Están imbuidos en sí mismos.  La droga, el alcohol, los gritos. Los tres están marcados por tumbas caminantes en este espacio que muevo y me rodean…me rodean y siento ahogarme bajo planchas de acero corroído. La situación cada día va a peor…tanto que de un momento a otro se les pueden ir sus manos y ser cuchillo del adiós. Entonces,  yo seré culpable. Culpable de aguantar. Culpable de ignorar. Culpable de huir. Culpable de dejar que se asesinarán unos a otros. Aunque para mi , muertos están.




domingo, febrero 04, 2018

El jaleo(teatro) 1ª escena


El día. Una casa destartalada en un barrio pobre, muy pobre. Allí vive una familia. Se abre la puerta de la casa y……………

El marido
La mujer
El hijo
El vecino
El anciano
La policía
La hija

ESCENA 1º
El marido:
(en el salón)
Buenos días Marta. Marta, ¡buenos días¡(gritando)
La mujer:
(gritando, rabiosa)
 Que tal ¿cómo andas?
El marido:
Bien con la pesadez del trabajo en mis espaldas. Cansado
La mujer:
¿Cómo ha ido hoy el día querido? ¿Te pagaron?
El  marido:
Siempre lo mismo, que pesada…pero que pesada. Nada. No, no he cobrado todavía
La mujer:
Por qué dices que vienes de trabajar. Qué estás tan cansado si yo creo que no has movido ningún dedo. Seguro que has andado de esquina en esquina en busca de una copa ¡En el bar¡ ahí has estado. Encima mientes ¡mentiroso¡
El marido:
No. NO mujer. Te juro que lo he intentado pero nada…la nada rueda sobre mí. Estoy agotado
La mujer:
¡Agotado¡ ¡Agotado¡ nada es verdad. No más que eres un mentiroso. Te habrás…ja, ja, ja con tus amigotes y al bar. Si ¡Al barrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr¡ Venga que me escuche todo el mundo. Mi marido lleva los curriculums al bar. No tienes vergüenza.  Yo , aquí, enjaulado y tu dándotela de galán¡Chulo¡ ¡Más que chulo¡
El marido:
Perdona mujer. No me grites, se va enterar todo el vecindario. Ellos no tienen la culpa.
La mujer:
Tu sí.
La hija:
(en su habitación)
Siempre lo mismo. Los gritos bajo este techo parece que balancean en la estupidez. Ella no trabaja. El no trabaja. Siempre lo mismo, una vida monótona de espantapájaros o mejor diría de espantahijos coreando sus cimientos. No se ven. No se escuchan. La voz interior solo es tempestad que los destruye cada día más ….cada día más y más.
La mujer:
Nada. O me das algo  o te echo ¡Fuera de esta casa¡ Me tienes harta.
El marido:
Toma mujer y cállate ya.
El vecino:
Silencio. No aguanto más. Callar ya. Abrirme la puerta, esto es lo máximo que se puede soportar. Chillidos y más chillidos en este asqueroso edificio.
La mujer:
¿Quién es?
El hijo:
Soy yo mama.
La mujer:
Tú y tu padre. Tu padre y tú ¡Tendrías que estar en el instituto¡ No hables. No hables que todo lo que dices son absurdas mentiras ¡Vete a tu cuarto¡ Ah, dónde habrás andado. Ni quiero saberlo. Me estremezco, tiemblo al son de lo malévolo de nuestras vidas. Y tú , sigues su mismo camino, de amigos por ahí. Cualquiera sabe lo que estarás haciendo ¡Mira¡ ¡Miiiiiiiiiiirame a los ojos¡ No lo soporto. Estos es desmedido, descomunal. Vete de mi vista.
La hija:
(en su habitación)
Lo cierto es que son unos ineptos. Y yo, aquí…aguantando en la cuerda floja de la vida. No saldremos nunca de esta mierda. Aunque mi madre es desquiciante, desesperante a veces tiene razón. Razón histérica que muerde cada movimiento dado bajo este techo ¡Qué será¡ ¡Qué será de sus existencias en el mañana¡ Tiroteados, caídos en el fango de las ideas falsas. Me voy. Salgo de esta habitación miserable y voy al salón. Sí, al salón donde los estridentes voces se vuelcan en incendiarse unos a otros.
La madre:
Y tú qué, serás inepta, indiferente a todo ¿A dónde vas? ¡Aquí mando yo¡ Y digo quien sale y quien entra. Ya…ya, te haces la sorda, la víctima entre estas paredes. No quieres saber nada. Solo sales de tu cuarto cuando terminas algo de escribir. Y qué carajo estás escribiendo. ¡Ay si¡ Mi hija culta, mi hija sabionda ¡Nooooooooooo¡ No vives la realidad. Solo piensas en ti y en ti. Qué si la poesía. Qué si estudiar……¡no¡ Se acabo. Si sales de aquí es para trabajar y baaaaaaaaaaaaasta.
El marido:
(Calmado)
No tienes paciencia. No tienes compasión. Deja la muchacha que hago lo que le venga en gana.
El hijo:
Qué hablas papa. Si solo es una estúpida. Una idiota balanceándose en el yo que sé.
La hija:
Mal ¡muy mal. Estáis todos mal. Mama por qué es compinche con los demonios. Tu por qué apesta alcohol  y tu hermano….mejor dejarlo. No necesito compasión, ni las manos de martillazos de ustedes. Yo…soy yo. No me veis. Están todos ciegos. No sois nada y por ello no obedezco. Necesito airearme. No sé, salir de este desastre innegable y cierto ¡Qué el infierno os aguante¡

continuará

jueves, febrero 01, 2018

tarde


Tarde.
Es tarde.
Oscuridad imperiosa rajando los rostros de la ausencia.
Frío.
Hace frío.
Campos con mantas de estacas alumbrando al desahuciado
De las tierras de nadie.
Solo.
Estamos solos.
La utópica llama de la paz se vuelve cobarde
Nos arrinconamos indefensos en la nada.
Llanto.
Un llanto.
Muchos llantos.
Precarias manos acongojadas en el sin fin de un invierno cruel,
Rectando con su lanza gélida la libertad inexpresiva, infértil, inhibida.
Y viene un niño, una niña
Colmada de una mirada ida, en pena, caída
Hasta el fin de sus jornadas.
Tarde.
Es tarde.
Refugio de brumas, de murallas impaciente exterminadoras de todo aliento.




miércoles, enero 31, 2018

Bartolomeu




Recuerdo aquella noche. Sí, había quedado con Joan para dejar un trabajo en la oficina…tarde, muy tarde. Era costumbre en la empresa que trabajábamos realizar labores en la oscuridad del nocturno para el día siguiente.  Cerré la puerta de mi casa precisando su buena clausura ante cualquier malhechor pudiera entrar. Entonces vivía en una casa terrera con jardín…sí, con jardín.  Saqué el coche del garaje y con el invierno con sus alfileres danzantes sobre el asfalto y mi auto me dirigí a la empresa. Joan siempre era puntual y yo también. Llegué torpe por el granizar a la puerta donde se aloja su techo, el, me estaba esperando húmedo en la acera. Recto, estático, con los bucles de su cabello decaído por el tiempo, con su nariz corva exhalando vapor. Se subió al coche.  Buenas noches Anne, me dijo y un beso en la mejilla corrió por sus tersos labios. Éramos como hermanos se podría decir. Por qué no. La sangre no determina el agrado y el cariño hacia las personas.  Continuamos por una larga carretera sin farolas hasta el periódico, estaba a las afueras de la ciudad donde el exuberante olor a monte era penetrante. Llegamos. Dos o tres luces encendidas como siempre a esas horas, las suficientes para un trabajo a esas horas.  Nos abrió la puerta Bartolomeu, el guardián ¡Ay bartolomeu¡ escurridizo, atento, sin palabras pero con los pensamientos fijos en la reconditez de cada persona. No dijo nada y pasamos. Lo encontré algo disgustados pero no le di importancia. Cuando entramos en la oficina nuestro director estaba de un humor de perros, irascible, desafiante. “ A ver que es estos”,  me arrancó los papeles de la mano  sin pedir permiso. Con su mirada desorbitada los miró y luego dijo que nos largásemos a ambos. Un muro de hielo se interpuso entre nuestro jefe y nosotros. Hundidos nos fuimos, nadando en un cavilar que nos hacia un interrogatorio aplastante del por qué, del por qué de ese cambio.  Y de nuevo el volante, de nuevo el girar y el girar por la serpenteante carretera. Esa noche nos parecía infinita, gélida, hermética. De repente una imagen se interpuso en nuestro camino. Una imagen extraña para las horas que eran ¿Quién sería? Mientras esa masa humana se aproximaba la fuimos reconociendo. A casa paso su estatura aumentaba,  se ensanchaba. Joan me dijo con un fuerte cimbrar de su voz que arrancará. No podía, la figura se parecía a bartolomeu pero demacrado, distorsionado, desastrado. El miedo me invadió con sus colmillos y no lograba poner el coche en marcha, estaba paralizada, ida. De repente el coche comenzó a dar vueltas sobre sí mismo. Perdimos la noción del tiempo, es como si hubiéramos penetrado en un túnel de remolinos. Una fuerza rara nos hacía girar y girar . No teníamos conciencia de lo que estaba sucediendo.  Cuando se detuvo y visionamos lo de afuera el temor de manera vertiginosa creció. No reconocíamos el lugar, como si nos hubiésemos trasladado a un bosque milenario.  La carretera no existía, no podíamos arrancar. Solo el humeante aroma de la humedad, de hojas podridas, de unos pasos que de nuevo se aproximaban. Nos quedamos en el coche, mi reloj marcaba que ya era hora de despertar, que el sol tenía que haber nacido. Todo negro en la profundidad de una noche alargada en el miedo. Joan me dio la mano y me miró y salimos del automóvil. Un aguacero nos persuadió de los ruidos de aquel boscaje. Caminamos y caminamos como si estuviéramos en un cementerio. La nada hacía acto de presencia. Bartolomeu había desaparecido como nosotros en otro mundo, en otra dimensión ajena a la cotidianidad. Solo las horas estáticas nos diría donde estábamos. Perdidos, indecisos, desorientados. La sed nos vino y nos vimos arrodillados en uno de los arroyuelos que atravesaba esa espesura indefinible, interminable.  Caminamos y caminamos por ese paraje huido de la destrucción, de la devastación de las garras humanas. Entonces, escuchamos un grito. Un grito a una voz familiar. Bartolomeu. Nos estremecimos, un cierto sudor nos asfixiaba y  fuimos de nuevo al encuentro del coche. Nos metimos dentro.  Se acercaba como bestia dolida, herida. El auto otra vez comenzó a girar y girar sobre sí mismo. Cuando se detuvo nos encontramos en la carretera. Ya era de día y un sol trepidante y fiero atizaba nuestros ojos cansados. Llegamos a mi casa, pasamos, nos sentamos cada uno en un sillón tapizado de flores amarillas. Nos miramos, tristes, apesadumbrados, agarrados en el despido. Sí, recuerdo perfectamente aquella mañana. Una mañana de donde brotó un nuevo sueño, un nuevo empecinamiento tras lo sucedido. No he vuelto más a ver a Bartolomeu ¿Qué será de él? Y qué motivó en nuestras vidas, este cambio.