martes, octubre 17, 2017

Muy tarde...

No es que la distancia sea extensa sino que el velo de tu rostro no se conforma con las manos que mece las tuyas. Estás cansada, paraje desértico donde los mirlos son muerte. Abrazas el mañana, deseosa del andar por largos arco iris que cae como melena sobre tus hombres. No, no entiendes que es el ahora, este instante donde reposamos la armonía de nuestros labios, de nuestros vientres orientados al sol. Esperas algo…no sé, tal vez sobrenatural que se inyecte en tus venas y te haga….sí, te haga danzar bella y desnuda cuando la noche llega con la luna atrevida. Estás desgastada,  quemada, ahogada en paraísos utópicos que mencionan tus pensamientos. No, no es que no sea lo correcto pero la ventura de cuerpos en las mareas es el ya, aquí, conmigo…después se verá. Eres extraña….sí, muy extraña. Te quedas mirando a un horizonte inacabable, inabarcable y estiras tus brazos como si quisieras acariciarlos, como si quisieras encomendar todos tus movimientos lentos a él. No, qué te digo que no. Déjalo dónde está y ahora mírame, lindos ojos apoyados en la senda de la realidad. Mañana es tarde, muy tarde…

viernes, octubre 13, 2017

la jaula

Desnuda, desprendida de toda prenda y objeto que la cubriera.  Una jaula de cristal, de cristal transparente como su alma. Ella, encerrada, atrapada en el porvenir de sus deseos. Acariciaba cada barrote como tersa tela que la abrigara. Pero ya esta extasiada, cansada de posar en su vida ahí dentro, lejana del calor humano. Cierto día de atmósfera enrarecida por la arena del más allá de sus fronteras, por el asfixiante eco del sudor descubrió un agujero. Un agujero en su jaula de cristal. Por allí iban saliendo diminutos personajes que el contaban, que le narraban de lo que había perdido, de lo que existía detrás de esos barrotes. Personajes azules, verdes, amarillos, rojos con el gozo sobrenatural de la magia. Ella los miraba, sobrecogida, con el anzuelo ya en su sed. Intento erguirse pero no pudo, aquella jaula de cristal era muy baja. Intentó alarga sus brazos  pero no pudo, era tan estrecha que aquello la alejo en una sonrisa retorcida de lágrimas fatigosas.  Los diminutos seres desaparecieron, invisible espíritu que se alegra, que fuerza la caída. Se miro sus manos, ahí, agachada en su jaula de cristal y la vejez se revolcaba ante su sonrisa amarga.  Ya no había tiempo para la huída, no había salida. Entonces, se durmió y soñó y soñó con batallas susurrantes en el fin, en la conformidad de su corazón a lo largo de los años pasado. Una lágrima caía por su tez.  Sus ojos cerrados, sus manos oprimidas en la magia de barrotes idos en el más allá del horizonte, de las fronteras…inexistentes, todos bajo un mismo firmamento. 

miércoles, octubre 11, 2017

Mis manos...

El alba. El desierto amparado por seres que regresan a su jornada.


Muchacha :
 Mis manos y el cubo. Un cubo grande donde traeré el agua para que mis hermanos beban de él. Hace calor, descalza me mueve por esta suave arena donde un cierto viento cálido rasga mi  rosto. Mis manos y el cubo. Un cubo viejo, cansado de tanto de ir para allá y para acá. Esta es mi vida. El cubo y mis manos, mis manos y el cubo y esa agua de la que beberé al final cuando todos hayan saciado un poquito de su sed. El pozo está cerca o lejos, según como se mire, según haya despertado el día. Mis fuerzas son inagotables, descalza me aproxima a él. Ahí están mis compañeras, mis amigas se podría decir. Mientras espero para llenarlo hablo con ellas y ellas sudorosas de manos agrietadas también conversa y después nada de nuevo a mi hogar.  Unas paredes de barro y piedra que me refresca  mientras sigo y sigo en mi labor.
Madre:
Ya has llegado más tarde de lo costumbre. Te entiendo hace mucho calor. Las hogueras de este desierto alumbran tus pasos para que sean más lento, más retorcido en el tiempo. Sabes hija, me encuentro cansada. Estoy enferma, la dejadez de los años en este ciclo monótono. Tu ahora debes de hacer frente a la familia, mantenerla para que crezca en la verticalidad de los años. Yo me iré…sí, me iré bajo el sudor grotesco que corre por mis venas. No, no llames a tus hermanos, déjalos. Eres tú, la mayor, la que ha de enterrarme cuando mis ojos agotados y abiertos te pidan que los cierres. Por qué me miras así, no puedo moverme ya…lo siento hija.
Muchacha:
¿Te vas madre? Dónde el sol será luz de nuestros pasos, serás una más en el cielo, en la tierra. Mis manos y el cubo. Bebe algo…no puedes, espera que te ayudo. Intentaré hacerlo lo mejor posible, mis hermanos grandes y fuertes, poderosos ante todo mal. Mis manos te enterraran, mis manos hará una guirnaldas de piedrecitas y la posaré en tu frente para que vayas contenta como recuerdo de tus hijos, que te quieren. Voy ahora atender a mis hermanos, están esperando por mis manos y el cubo, el cubo y mis manos.
Madre:
No, no quiero tus lágrimas. Esto es parte de mi camino, de mi andar por este desierto. Yo estaré con vosotros en cada mirada, en cada paso que hagáis en lo venidero. No, no llores. Que no te vean tus hermanos. No les digas nada….solo, que me ido a otra parte de mi vida. Anda hija, llévales el agua, que te esperan.
Muchacha:
Vendré luego madre. Sola. Me quedo sola ante todo. Pero sé que ella estará conmigo, me dará dosis de fortaleza para el continuar de las jornadas. Ellos se estarán preparando para la caza de hoy. Yo sueño con mis manos y cubo. Sí, sueño con la libertad de mis manos, de mi vuelo. No me podré ir. No me podré casar. Me volveré vieja y raída en el silencio. Mis manos y el cubo, el cubo y mis manos. Ando deprisa antes de que ellos vayan hacer sus cosas.  Mis manos y el cubo…



martes, octubre 10, 2017

ojos desviados



Ojos desviados
En atención a la tarde,
Una tarde próspera en hojas caídas
De un viejo almanaque del tiempo.
¡El tiempo¡
¡El tiempo¡
Vacío inesperado del ayer,
Brío del mañana,
Atrapado en el hoy,
En estos instantes eternos
Donde el tildar de un corazón cansado

Vuelve al vacío efímero.

domingo, octubre 08, 2017

Se le antojaba...

Se le antojaba ser como el cosmos, con la negritud y el brío lejano de algún astro. Las olas también cuando la luna se escondía ser chispeantes rupturas en la orilla de lo negro. Hoy no quería mirarse al espejo, le apetecía o más bien le daba la gana de quedarse en la cama. Las noches no eran las de antes donde el silencio era coro de grillos. Ahora, la contaminación andante del ruido la hacía escaparse entre sus sábanas, bajo un edredón anciano como ella. Ya estaba cansada, tan harta del latido confuso de sus pasos que aupada por la memoria que se iba y la independencia eclipsada  que su espalda dijo adiós.  Espaldas mojadas por un frío fúnebre, por una brisa que penetraba por los cristales rotos de su ventana. Aun así, se le antojó mirarse por última vez. Y qué puede ver esta vieja mujer a través del espejo…un pasado floreciente en vida, un pasado condicionado por sus manos verticales a la respiración de los vientos, un pasado envuelto en una sonrisa. Sonrisa ida, sonrisa ahora perforando su rostro, yermo, abatido. Y cerró los ojos, y apretó los puños, y se destapó…así con su camisón de flores negras dejo que la muerte la embriagada como fértil paseo al descanso. Sí, ya había sido suficiente, no podía quejarse.  Ahora, sola, antes de ser uso indebido de sus deseos, de sus sueños se fue.  Adónde, no lo sé….solo el tic-tac, tic-tac de su reloj y ese espejo sucio diría de su alma ausente, de su cuerpo presente.

sábado, octubre 07, 2017

lejos

Lejos, yeguas eufóricas a través de los campos de cristal.  La búsqueda, de sus ojos yertos en negritud de la ausencia. Arrimadas en las sombras perennes de arboledas conquistando la madre tierra. El hechizo llega, con la libertad y la pasiva resonancia del sudor, del esfuerzo ante las adversidades columpiando sus destinos. Se apartan, se dividen, cada una por la senda a cubrir para el amparo de sus sonrisas. Ya está bien, han llegado a la cima de sus corazones rodeados de arco iris que anuncian la paz, el equilibrio entre el firmamento y los astros que hablan del mañana sostenido en el liar y liar de las manos, suaves, bondadosas en el auge del amor. 

jueves, octubre 05, 2017

mareas verdes

Mareas verdes.
Techos desvencijados.
Puerta azul la sonoridad del firmamento.
Lejanas,
Lejanas montañas pronunciando la negritud
De las manos gastadas,
Huídas del torpe silencio de la nada.